MEXICO - ESO DIGO YO… Por Nancy Azpilcueta (*)
Por fin, un día después de dejar de ser “gobernador con licencia” de Coahuila (y por tanto perder el fuero constitucional), Humberto Moreira Valdés se fue del PRI, contra su voluntad, pero envuelto en un gran escándalo.
Defendido en el estado al que dejó a la deriva hace nueve meses por algunas cuantas células de sus huestes, siempre favorecidas por los tinacos y las prebendas de la gente, y cuestionado por el grueso de la sociedad de esta empobrecida entidad norteña, hoy “El hijo del pueblo” es un ciudadano más, aunque su hermano mayor haya asumido el 1º de diciembre pasado el cargo como gobernador constitucional del estado, y como tal, como un ciudadano común, Moreira tendrá que responder las muchas preguntas que los habitantes del estado tienen en torno al destino del dinero de la megadeuda pública que, por la vía del aumento de impuestos y el ajuste del presupuesto público se tendrán que pagar durante los próximos 30 años.
Ahora que desde la mañana del viernes 3 de diciembre quedó en calidad de “árbol caído”, sus adversarios naturales -los panistas-, implacables opositores del régimen moreirista siguen haciendo leña de la figura de Humberto Moreira. El ex Secretario de Haciendo y actual aspirante presidencial, Ernesto Cordero, ahora se cuelga con arrogancia el mérito de “haber sido el primero en denunciar a Moreira”, como si lo importante fuera la persona y no los hechos.
Cordero debería tener claro que en Coahuila desde hace ya varios años hay muchas voces, incluidas también por supuesto las de militantes del PAN, que vienen denunciando algunos desvíos, corrupción y excesos del clan Moreira, que también aunque muy pocos, hubo medios informativos pequeños e independientes que exhibieron parte de la corrupción sólo que aquellas voces nunca fueron escuchadas hasta agosto pasado cuando, por ocupar la dirigencia nacional de su partido y estar en constante y permanente exhibición –tras dejar botado el encargo de gobernador constitucional que le otorgó el pueblo de Coahuila- el asunto de la deuda pública por 34 mil millones de pesos, obtenida alguna de sus partes con documentos falsificados, trascendió mediáticamente porque hay algo cierto: los medios nacionales pocas veces voltean a ver con profundidad hacia los estados, y porque en el medio había una estrategia política que se manejó tan bien, que hoy Humberto Moreira Valdés desapareció –seguro por algún tiempo largo- del escenario político-electoral nacional. Lo borró de ahí su propia soberbia.
∞∞∞
Desde la palestra nacional que ocupó hasta el pasado viernes 2 de diciembre, Humberto Moreira argumentó en su defensa frases huecas y fanfarronas como escudarse en que, el tamaño de la deuda pública de Coahuila es el .07% del total de la deuda del gobierno federal cuando es más que obvio que no existe siquiera un punto de comparación lógico entre la administración de un país poblado por 112 millones de personas, y un estado con apenas menos de 3 millones de habitantes, donde según el mismo Moreira en sus tiempos de Secretario de Educación e incluso de Gobernador, se abatió el analfabetismo –hablando del mandato de Enrique Martínez y Martínez, por cierto- y se puso a Coahuila en uno de los primeros lugares en materia educativa, y esto viene a cuento porque esa fue otra de sus frases de defensa: “el dinero de la deuda está ahí, en infraestructura y en educación” y la verdad es que, los coahuilenses siguen sin ver lo uno ni lo otro.
Simplemente, en Torreón, la segunda ciudad más importante del estado después de Saltillo, que por ser capital ocupa el primer sitio, existen obras del sexenio anterior, anunciadas y empezadas años atrás que permanecen inconclusas y con futuro incierto, como son:
El Sistema Vial Alianza, detenido desde hace semanas
La prolongación del bulevar Senderos, cuyo avance se frenó hace muchas semanas.
El bulevar Mieleras, en el sector industrial del mismo nombre;
La carretera Antigua a San Pedro, a la que le falta equipamiento como alumbrado; y la autopista Torreón-San Pedro, con tramos pendientes de revestimiento de asfalto.
La nueva Presidencia Municipal y la explanada de la Gran Plaza, uno de los proyectos más ambiciosos.
Otra obra pendiente del Gobierno del Estado en Torreón es el Hospital General ubicado sobre el bulevar Torreón-Matamoros, del que se puso la primera piedra para su construcción desde 2006, entre otras obras de menor envergadura y algunas más en Saltillo, Ramos Arizpe y otros municipios que también quedaron pendientes de terminarse.
De las obras inconclusas de Torreón, ya detalladas, el adeudo que se calcula, con relación al status en el que las dejaron, es de alrededor de 700 millones de pesos y son las que se presupuestaron con recursos estatales y del Impuesto Sobre Nóminas (ISN), entonces, si el argumento de Humberto Moreira para explicar “por encimita” y en los medios nacionales el destino final de esos 34 mil millones de pesos no se condice, ni con la inversión hecha en infraestructura en los municipios más importantes, ni con los adeudos pendientes por las obras que nunca se terminaron.
Esto sólo pueden entenderlo los coahuilenses, que lo viven cotidianamente. Los habitantes de la zona de la Comarca lagunera, que siguen viendo la inversión millonaria –ahí sí- en infraestructura urbana para Saltillo mientras que Torreón, Matamoros, San Pedro, Viesca y Francisco I. Madero quedaron atrapados, durante el sexenio a cargo de Humberto Moreira, en el polvo de las obras en eterna construcción, la inseguridad y violencia que nunca se atendieron adecuadamente y desde la raíz y el empobrecimiento como nunca de una zona que durante décadas enfrentó las crisis económicas nacionales por sí misma.
Porque hay que detenerse a analizar que, de diciembre de 2009 a marzo de 2010 –cuando Humberto Moreira aún cobraba como gobernador del estado de Coahuila- la deuda de este estado pasó de los mil 561 millones de pesos a 4 mil 258 millones de pesos, ocupando el primer lugar a nivel nacional como el estado más endeudado. Al final de su mandato, la deuda pública de este estado asciende a los más de 34 mil millones de pesos que, refinanciada con las entidades bancarias, se eleva a los casi 60 mil millones de pesos.
Además de esta deuda millonaria que tendremos que terminar pagando entre todos los que vivimos en esta región, se cargará a cuestas la herencia de un desempleo como pocas veces se había padecido, provocado por la ausencia de inversiones en el estado y sobre todo, los altísimos niveles de inseguridad pública y violencia que ahuyentaron esas inversiones, aunque justo es decirlo, los índices delictivos y de violencia en la entidad, al menos en la Comarca Lagunera, han descendido desde la puesta en marcha del operativo federal “Laguna Segura”.
Esa es la realidad del estado de Coahuila, a cuyos habitantes por encima de todo y de todos, Humberto Moreira Valdés les debe una explicación detallada y principalmente creíble del destino de los más de 34 mil millones de pesos, de ser posible con facturas y comprobantes en mano, porque su renuncia al PRI es un asunto meramente circunstancial que afecta directamente a la militancia de ese partido, lo realmente importante es que el ex gobernador responda a las denuncias presentadas en su contra, y no precisamente ante las instancias del estado de Coahuila, donde obvio, ya fue exonerado, sino en el ámbito federal.
Eso y la sanción correspondiente llegado el caso, es lo mínimo que merecen los coahuilenses
∞∞∞
El uso de adjetivos para calificar al ahora sí formalmente ex gobernador de Coahuila ya es innecesario. Él mismo, su carácter, su formación un tanto arrabalera, sus desplantes y sobre todo, su apego a las prácticas del viejo PRI –aunque él siga diciendo lo contrario- lo orillaron a desdecirse públicamente de la postura que mantuvo hasta la víspera de su renuncia, en el marco de la toma de protesta de su hermano Rubén como gobernador de Coahuila en cuanto a que no se iría de la dirigencia del PRI.
Siempre dado a las actitudes y bromas altaneras, que ante los medios informativos de Coahuila le funcionaron a la perfección, no así ante la prensa nacional, que en más de una ocasión se las cuestionaron, Moreira desde meses atrás, muy ufano solía decir que “Voy a sacar mi licencia de manejo en la ciudad de México y mi credencial de elector también. Eso quisieran los del Partido Acción Nacional (PAN), yo vine al PRI a ganar elecciones, para eso fui convocado a ganar elecciones y para eso en su diseño que hacen los panistas dicen ‘le iniciamos esta guerra la integramos con ese tipo de cosas vamos a engañar al pueblo’ como nos han engañado que íbamos a vivir mejor y que el empleo y todas esas cosas que prometieron. Entonces dijeron ‘vamos a pegarle a Moreira con esto’ y después empezaron a filtrar en columnas este rollo que dices (licencia) y la única licencia que voy a pedir es la de manejo porque tengo licencia de mi estado de manejo y ahora la voy a cambiar junto con la de elector, es la única que voy a cambiar.”
Más recientemente dijo en más de una ocasión: “Claro que no, me voy a mi casa a dormir en las noches, nada más. ¡No hombre! ¡Qué me voy a ir! Me voy hasta el 2015 por andar fregando.”
El 6 de octubre, en otra de sus habituales ruedas de prensa de los lunes, como presidente nacional del tricolor, Moreira aseguraba: “No voy a renunciar… mi período al frente del PRI termina en 2014”, y así sucesivamente. Hubo ciudadanos de Torreón que bromeando aseguraban que no se iría ni aunque le echaran agua caliente.
Y no se fue, prácticamente lo echaron.
Para Enrique Peña Nieto, para los invitados a la ceremonia solemne donde Rubén Moreira Valdez asumió como nuevo gobernador coahuilense, y quizá para el mismo Humberto Moreira, debe haber sido terrible y hasta vergonzoso –por más que intentaron ocultarlas y disolverlas- las manifestaciones sociales, las protestas exigiendo que se aclare la deuda pública del estado, que si Moreira tiene responsabilidad en el asunto de la deuda la enfrente; los Indignados de Coahuila aparecieron e hicieron valer sus voces y su presencia, aunque el acto oficial –más partidista que institucional- estuviera atiborrado de militantes y “porras” orquestadas por las siempre fieles lideresas populares afines a los Moreira. La voz de un pueblo, por más que quiera acallarse, siempre será escuchada…
Para Enrique Peña Nieto no debe haber sido nada agradable escuchar las rechiflas, los abucheos, los insultos, leer las pancartas, y percatarse que defender al dirigente del partido por el que aspira a contender para gobernar al país, no es negocio; por eso, sostuvo la postura que desde días atrás había mostrado públicamente en cuanto a la sugerencia para Moreira: que vaya, que tome su tiempo y aclare su situación.
Obvio, en el panorama nacional también empezaron a aflorar las primeras pruebas y documentos del tamaño de la deuda pública que dejó el propio Peña Nieto en el Estado de México: 61 mil millones de pesos, así que, si había que sacrificar a alguien ¿qué mejor que a Humberto Moreira?...
∞∞∞
Ahora bien, Humberto Moreira en más de una ocasión salió a “explicar” que no fue él personalmente, sino funcionarios del gobierno del estado del que dijo “ya no soy gobernador”, quienes incurrieron en actos ilegales como la falsificación de documentos, sólo que los personajes investigados y sujetos a proceso –al menos en el terreno estatal, un gran circo desde nuestra óptica- son todos integrantes de su círculo de confianza, comenzando por Javier Villarreal Hernández, ex titular de la Secretaría de Finanzas y del SATEC, pasando por Fausto Destenave Kuri –ya exonerado- y algunos más que, durante los cinco años que ejerció el poder ejecutivo de Coahuila, eran considerados no sólo cercanos, sino de mucha confianza, designados en sus puestos personalmente por el propio Moreira; al menos en su momento eso decía otro de los actuales implicados, Miguel Rodríguez, quien desde algún escritorio de la Subsecretaría de egresos de la Secretaría de Finanzas, (antes de que su titular fuera Javier Villarreal) era el encargado de la programación de pagos a proveedores.
Desde esta lógica sólo existen dos interpretaciones de aquella autodefensa de Humberto Moreira:
a) Pese a la licencia que le concedió el Congreso del Estado para separarse del cargo como gobernador, mantuvo el poder, desde el trono de la dirigencia del PRI dando instrucciones de cómo administrar los recursos públicos y cómo “gobernar” en su ausencia el estado, o
b) Su círculo de confianza, los ahora inculpados en el affaire de la megadeuda lo traicionaron en su ausencia, lo que sinceramente es muy poco probable y creíble pues, quienes conocen muy de cerca a Humberto Moreira saben que su personalidad tiene dos particularidades: no tolera la traición y es sumamente vengativo.
En fin, ahora que el ex gobernador coahuilense es de nuevo un mortal más, un ciudadano común, bajado del pedestal del PRI, –según sus propias palabras- por ser “víctima de una persecución mediática”, será sumamente interesante conocer con detalle los pormenores de la deuda porque total, tiempo va a tener de sobra… no creemos que vaya a retomar el ejercicio magisterial dando clases de nuevo y por tanto, podrá ponerse a hacer las cuentas y a buscar los comprobantes necesarios para explicarle a cada coahuilense, por qué sus hijos y sus nietos deberán pagar –por la vía de la carga impositiva estatal- una deuda que no contrajo.
Tiempo para preparar su defensa y sus explicaciones, seguramente le sobrará.
(*) Directora General de la Revista Digital "RAZONES DE SER"(México-Argentina)