Detonaciones de armas de grueso calibre ocasionaron que los asistentes al estadio Territorio Santos Modelo (TSM), donde se jugaba el partido Santos-Morelia, incursionaran en estampida en la cancha y se decidiera la suspensión del encuentro, poco antes de concluir el primer tiempo.
Era el minuto 40 cuando varias detonaciones de alto calibre provocaron
que jugadores, auxiliares y técnicos iniciaran la huida rumbo a los
vestidores.
El cuerpo arbitral, encabezado por el silbante
Francisco Chacón, pitó la suspensión al tiempo que se dirigía a toda
prisa a los vestidores, seguido por decenas de aficionados que
ingresaron en la cancha intentando resguardarse del tiroteo.
Temerosos,
la mayoría de los espectadores se tiraron al suelo, en las gradas de
uno de los escenarios futbolísticos más modernos del continente, ubicado
en una de las urbes más violentas del país.
La confusión de los
primeros minutos hizo correr versiones de que el tiroteo se había
desarrollado en el interior del estadio; sin embrago, la balacera
ocurrió afuera, cuando un convoy militar encaró a un grupo de sicarios
que transitaban por la carretera que conduce a Francisco I. Madero, uno
de los municipios rurales de La Laguna.
Informes preliminares
establecen que un convoy militar marcó el alto a una caravana de tres
potentes camionetas cuyos tripulantes, en respuesta, rafaguearon a los
soldados, quienes a su vez repelieron la agresión a tiros e iniciaron
una infructuosa persecución.
En el enfrentamiento, un policía
municipal, asignado al operativo de vigilancia del TSM resultó herido,
mientras que entre el público se atendieron varios ataques de pánico.
Un
operativo conjunto intercorporaciones inició de inmediato el patrullaje
de diversos puntos de Torreón, sin lograr detener a nadie.
Dentro
del estadio, los aficionados se vieron envueltos en la incertidumbre y
el miedo durante aproximadamente 10 minutos. Algunos saltaron a la
cancha mientras que otros se refugiaron detrás de la publicidad móvil.
Los jugadores locales subieron a las gradas a buscar a sus familiares que presenciaban el partido.
El
presidente del club Santos Laguna, Alejandro Irrarragorri, anunció la
suspensión oficial del encuentro, por acuerdo de la Federación Mexicana
de Futbol (Femexfut).
A México se le están acabando los "nunca antes...". Nunca
antes había estallado en el país un coche bomba hasta que Ciudad Juárez
vivió la explosión de uno; nunca antes se había lanzado una granada
contra población indefensa hasta que las esquirlas enlutaron a Morelia;
nunca habían matado a un candidato a gobernador que estaba a punto de
ganar hasta que hace un año ocurrió en Tamaulipas; nunca habían
asesinado a tantos alcaldes hasta que eso se volvió cosa de cada mes
(ayer mataron a golpes a uno más), y nunca antes hasta hoy un partido de
futbol de la primera liga se había suspendido porque el sonido de
disparos hizo que jugadores y aficionados buscaran refugio.
Al minuto 40 del primer tiempo, el Morelia armaba una jugada para
tratar de llegar a la portería de los locales, los Santos de Torreón
(ciudad ubicada en Coahuila, al norte del país). Quienes seguían el
juego a través del televisor vieron y escucharon enseguida algo inédito:
tras un silbatazo del árbitro, detonaciones. Los jugadores se echan al
suelo; la mayoría corre como atletas en una pista de cien metros planos a
guarecerse. La gente en las tribunas se apelotona en las gradas. La
tarde suena a tiros. Las cámaras de la televisión recogen el
desconcierto de los aficionados agachados. Cuatro minutos más tarde,
cuando las armas callan, la gente decide invadir la cancha. El juego
quedaba suspendido de manera definitiva.
El parte policial es tan
seco como inútil: se escucharon tiros en la carretera que une a Torreón
con San Pedro. Un policía resultó herido. Pero que las autoridades no
informen, no aparezcan, no tranquilicen, eso a los torreonenses no les
asombra en lo absoluto. Torreón es una ciudad vecina a Gómez Palacio,
población que pertenece a otro Estado: Durango. En Torreón domina el
grupo criminal de Los Zetas. En Gómez Palacio, el Cartel de Sinaloa. Un
río divide esas poblaciones que un día sí y otro también atestiguan
desde hace años los ataques de los criminales de uno y otro bando, que
incursionan en territorio enemigo para matar rivales. Las autoridades
prácticamente no existen.
Nunca los narcotraficantes habían
secuestrado cuatro periodistas. Hasta que en Gómez Palacio ocurrió hace
poco más de un año. Nunca habíamos visto que de una cárcel salieran
reclusos a cometer asesinatos y regresaran a ponerse a salvo tras las
rejas, hasta que supimos que del reclusorio de Gómez Palacio salían
criminales a matar a las calles de Torreón. Nunca se había transmitido
un tiroteo en vivo y a todo el territorio nacional, hasta que desde el
estadio Corona en Torreón, todos vimos y escuchamos cómo los tiros de
los criminales ganaban la partida. El juego quedó para mejor ocasión.

Los aficionados se protegen tras escuchar los disparos- REUTERS
Iragorri intentaba llamar a la calma.
Acompañado de Oswaldo Sánchez, el directivo invitaba a los aficionados
que permanecían en las gradas a presenciar otros encuentros de la
jornada 6, a través de las pantallas gigantes del TSM.
Asimismo, les indicó que podían quedarse dentro del estadio hasta que se sintieran seguros.
Minutos
después, se activó el código rojo, que llevó a las calles de Torreón a
varios comandos policiacos y militares que intentaban localizar a los
responsables.
Irrarragorri informó que no hubo víctimas dentro
del estadio y dejó en claro que el episodio de violencia se registró
afuera del inmueble.
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/FOTO - Balacera en el Estadio Corona
VIDEO - Vea el video del terror en nuestro link correspondiente.