La indignación es lógica en un país que importa alimentos mientras tiene
tierras fértiles y el setenta por ciento de su población está desnutrida o mal
alimentada.
El caso de Magadascar mostró el costado más dramático de la apropiación de la
tierra por grupos privados o gobiernos, conocida en ingles como land gabbing,
que viene creciendo de manera alarmante en los últimos años.
El incremento de las compras masivas de terrenos en África y otros continentes
aumenta el riesgo de que los pobres se vean desposeídos o se les impida el
acceso a la tierra y el agua. Ésta es la conclusión principal de uno de los
primeros estudios sobre la compra de inmensas extensiones de tierras en países
de África, América Latina y el sudeste asiático por parte de empresas
transnacionales y Estados importadores de alimentos.
El informe fue encargado al Instituto Internacional para el Medio Ambiente y el
Desarrollo (IIED), por la
Organización de la
ONU para la
Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Fondo Internacional de
Desarrollo Agrícola (FIDA), y revela que este es un negocio de multinacionales,
empresas locales filiales de empresas extranjeras y de Estados con superávit de
capital y déficit de tierra cultivable.
Las compras de tierras suelen estar acompañadas de expropiaciones. Según
advierte el documento, las legislaciones locales no protegen el derecho de
acceso a la tierra de la población, dejando que los acuerdos entre empresas y
gobiernos se hagan sin transparencia y sin la participación de los actuales
habitantes.
La preocupación por la seguridad alimentaria y energética es uno de los motivos
de estas operaciones, a los que se suman las oportunidades de negocio y la
demanda de productos básicos agrícolas para la industria. Entre 15 y 20
millones de hectáreas de países pobres cambiaron de manos desde el 2006, el
monto de las operaciones ronda entre los 20 y 30 mil millones de dólares.
Los países que más tierra venden o alquilan son Rusia, Ucrania, Brasil,
Pakistán, Filipinas, Laos, Indonesia, Sudán, Madagascar, Mozambique y otros
africanos. Las empresas que más compran están radicadas en Corea del Sur,
China, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Japón e India.
La mayoría de las compras se realizan a través de empresas intermediarias de
los Estados, Bancos o fondos de inversión privados, como el banco
estadounidense Morgan Stanley, el inversor ruso Renaissance Capital y el fondo británico
Landkom en Ucrania, por un total de 700 mil hectáreas; el Británico Emergent
Asset Management, que comprará 50 mil hectáreas en Mozambique, Sudáfrica,
Botsuana, Zambia, Angola y Congo y los fondos suecos Black Earth Farming y
Alpcot Agro en Rusia por 450 mil hectáreas.
En noviembre del 2007 el grupo japonés Mitsui compró cien mil hectáreas en
Brasil para la producción de soja. También el grupo holandés Louis Dreyfus
compró en Brasil sesenta mil hectáreasEn Pakistán, Tailandia y Filipinas
rechazaron ofertas y bloquearon ventas. La comida se ha convertido en un bien
para especular. Mientras los mercados de valores son muy inestables, la gran
bolsa mundial de agricultura sigue siendo muy rentable, insiste Olivier Longué,
presidente la ONG Acción
contra el Hambre.
Las multinacionales en busca de negocio, que compran como inversión, pueden
manipular el precio de los alimentos básicos. Si la comida se transforma en una
fuente de negocio, los más pobres seguirán siendo las víctimas porque los más
ricos se aseguraran los alimentos con la propiedad de las tierras.
El director de la FAO
Jacques Diouf, declaró al Wall Street Journal que puede
estarse creando una forma de neocolonialismo. © Noticiero Visión Siete/ TV
Pública/ Argentina
Sábado 22 de agosto de 2009/ Redacción: Félix Arnaldo/ Edición: Paolo Menghini/ Visión Siete Internacional
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