ESO DIGO YO... Nancy Azpilcueta

ago
30
2010
Ante el miedo e inseguridad de un enemigo poderoso, sólo aparentemente podemos sobreponernos y superar nuestro propio miedo e inseguridad. - Günter Wallraff

“¡Ya me quiero ir de aquí!”… “Qué bueno que no estás viviendo lo que pasamos aquí”… “¡Se fueron a tiempo!”… Estas y muchas otras frases, escucho y leo constantemente de la que llamo “mi gente”, mis afectos mexicanos que día tras día se sienten más desesperados y cercados por la violencia.

Y sí, en un día más se cumplirá un año de haber emprendido el autoexilio, decidido ante la coerción económica del soberbio y autista gobierno coahuilense que decidió unilateral e ilegalmente no pagar su deuda con este medio informativo; ante las amenazas de muerte anónimas recibidas por teléfono y por correo electrónico, ante el rechazo de los propios compañeros de gremio y las agresiones de algunos de ellos por el constante cuestionamiento hecho a la forma de ejercer el oficio en la Laguna.

Todo lo anterior estimuló la necesidad –creo que natural- de salir de un ámbito en el que ya no encajaba. Pero eso ya fue… ya es historia pasada porque desde hace 364 días, intento diariamente ganarme un espacio en una capital importante donde no sólo existe la competencia profesional, sino también una problemática social y política muy similar a la de México. Por ahora, sólo enfatizo el muy similar

Leyendo los diarios nacionales y los laguneros, escuchando gracias a la Internet, los noticiarios mexicanos y viendo los espacios informativos de Televisa, que se ve a través del canal 78 de Cablevisión en Argentina, intento seguir muy de cerca los acontecimientos nacionales, a eso le agrego el constante intercambio epistolar y hasta telefónico con mi gente que igual me da los detalles que los medios de comunicación se callan y por eso, todo esto me ofrece una visión real y casi inmediata de la cotidianidad del México del Bicentenario.

No obstante durante la semana que terminó, la noticia de los 72 migrantes centroamericanos, ecuatoriano y brasileños ejecutados presuntamente por Los Zetas, no sólo conmovió a la comunidad mexicana en estas tierras, trascendió con fuerza en los medios argentinos y, junto con la coronación de Jimena Navarrete como la segunda Miss Universo mexicana, ocupó buena parte del tiempo de televisión, en un contraste bastante extraño.

Hoy, los argentinos que suelen mantenerse informados a través de radio, televisión e Internet, que dedican aproximadamente unas 8 de las 24 horas del día a conocer mínimamente  lo que pasa en su país, reciben la imagen de un México sumido en la violencia, los periodistas y conductores comentan lo lamentable de un gobierno que falló en la estrategia de su lucha contra el crimen organizado y algunos, muy osadamente, opinan que los pocos medios de comunicación mexicanos que dan cuenta con detalles de los hechos de sangre provocados por el narcotráfico podrían estar coludidos justamente con estos grupos y cárteles. En resumen, los medios informativos argentinos empiezan a informar aquello de lo que en México es mejor no hablar.

Desde aquí, México se visualiza como una mancha roja en el mapa. Una mancha roja gobernada por un puntito azul, el de la derecha conservadora, y quienes se atreven a ir un poco más allá en el análisis, llegan a augurar que la violencia podría terminar cuando el PRI (el primo mexicano del Peronismo) regrese al gobierno…

 

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La información respecto de la ejecución de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, conmovió a la sociedad y mucho, a pesar de que en Buenos Aires los porteños empiezan a hartarse del incesante flujo migratorio de bolivianos, paraguayos, peruanos, brasileños y colombianos, a muchos de los que responsabilizan de la creciente inseguridad que padece la Argentina y sobre todo su capital y área metropolitana.

La criminalización del fenómeno migratorio, que parece ser mundial, acá también se siente y trasciende a la opinión pública cada vez que, operativo policial mediante, se logra la detención de presuntos delincuentes entre los que suele haber casi siempre algún extranjero.

En las últimas semanas en Buenos Aires aumentó el índice de asaltos, de lo que aquí se denominan “salideras bancarias”, de robo en viviendas y departamentos con toma de rehenes inclusive, de mujeres asesinadas por sus parejas, de decomiso de drogas y detención de alguno que otro mercader de las mismas; los conocidos “motochorros”, es decir ladrones motorizados están actuando cada vez con más violencia e incluso llegan a asesinar a sus víctimas y es lógico que la sociedad proteste y exija respuesta de sus autoridades o haya quienes, a grito abierto anuncien que se irán del país porque “aquí ya no se puede vivir”.

Personalmente escucho y a veces comparto las quejas, sobre todo luego de haber pasado a engrosar, a través de Daniel, mi compañero, las estadísticas de asalto, pero no puede perderse de vista que, por ahora, estas manifestaciones de inseguridad son sólo eso: inseguridad urbana que no debería existir, pero que igual que en México, existe porque las corporaciones policiales están involucradas. Todos dicen saberlo, todos lo comentan, pero las pruebas no aparecen por ahora.

 

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La situación que hoy se vive en Argentina es muy similar a la del México de antes de diciembre de 2006, antes de la llegada a la presidencia del país, “haiga sido como haiga sido”, de Felipe Calderón,  porque, si bien la droga se mueve en menor escala y con estrategias e idiosincrasia diferentes, incluso con hábitos de consumo absolutamente distintos, el narcotráfico es una realidad en este país sudamericano donde hace algunas semanas el juez federal Jorge Brugo declaraba asombrado: “nunca se había visto tanta cocaína en Argentina”, tras el operativo en el que decomisaron 1 200 kilos de esa sustancia proveniente de Colombia y con destino a España y días más tarde otros varios cientos de kilos de marihuana.

La información sobre el resultado de estos operativos hechos por la Policía Federal Argentina no deja de alertar, cuando uno pasó ya por procesos similares porque al mismo tiempo, con aspecto de “hechos aislados” aparecen cada tanto cuerpos de personas aparentemente ejecutadas por ajustes de cuentas con tintes mafiosos, o bien, cuando se desató también días atrás, una serie de atentados contra los supermercados chinos, lo que se vincula con la famosa Mafia China que la propia Policía Federal admite que opera en este territorio.

Actualmente en Argentina, donde se ha disparado a la par que la inseguridad, el decomiso de droga, armas y dinero robado, en los operativos de esta naturaleza sólo participa la Policía Federal y las Policías provinciales fungen como “apoyo” en caso de ser necesario, pero, a diferencia de México o Colombia,  el ejército, es impensable por ahora que intervenga en actividades de esta naturaleza, aún y cuando el ex presidente Eduardo Duhalde meses atrás declaró que habría que considerar esta posibilidad, pese a que la Constitución Argentina prohíbe que su ejército participe de actividades competentes al ámbito civil.

Lo cierto es que hoy, en Argentina, las autoridades están a tiempo de impedir que los líderes de bandas, cárteles y grupos delictivos se infiltren plenamente en sus corporaciones policíacas y en los gobiernos nacional y provinciales, como sucedió en México y en otros países donde el fenómeno ya es imparable y, como en el caso particular de México, donde la “guerra” ha costado al país más de 28 mil muertos a los que desde hace algún tiempo se suman los migrantes centroamericanos y sudamericanos que, de paso por suelo azteca y al no poder pagar las extorsiones de cárteles como Los Zetas, o bien al negarse a participar de actividades delictivas terminan asesinados, sin que el gobierno mexicano haga nada más por ellos que “condenar los hechos”.

Hoy, pese a ser reiterativa, México duele más que nunca…

 

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Comentario aparte del tema central de esta pretendida columna, vayan el saludo y la felicitación para el colega periodista y amigo Fernando González Mora, autor de la columna Ventana, quien después de un serio problema de salud está listo para convalecer en su México querido, procedente de Lohmar, Alemania.

Otros parabienes similares para el amigo, paisano coahuilense y colaborador Juan Ramón Jiménez quien ya fue absolutamente dado de alta tras una intervención quirúrgica que lo mantuvo en reposo varias semanas.

Por último, porque nunca es tarde para las felicitaciones, y porque en tiempos tan difíciles para el periodismo por convicción los esfuerzos se multiplican y el apoyo, si bien moral y a la distancia estimula, vaya también el mejor deseo de que se cumplan muchos aniversarios más de Forum, actualmente en su versión cibernética y que sigan los éxitos para el colega y amigo Eduardo Ibarra Aguirre quien dirige desde hace 19 años uno de los medios más perseguidos por el gobierno federal de Felipe Calderón…

 


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