ARGENTINA - Todos van contra todos y al ritmo de la "sintonía fina"
Adormilada la oposición en sus múltiples agonías internas, la única batalla expectante por el poder es la que mantienen entre sí los integrantes del Gobierno.
22-02-1200:00
Fernando Gonzalez Director Periodístico fgonzalez@cronista.com
Adormilada la oposición en sus múltiples agonías internas, la única batalla expectante por el poder es la que mantienen entre sí los integrantes del Gobierno. Y no es poca cosa. El enfrentamiento que ocupa los días de los principales ministros de Cristina Kirchner es, salvo algunas lógicas excepciones, de todos contra todos. Quien parece tener la mayor cantidad de frentes abiertos es el súpersecretario de Comercio, Guillermo Moreno, pero también son víctimas y victimarios del internismo los ministros Julio De Vido, el recién llegado Hernán Lorenzino y el vicepresidente Amado Boudou, cuyos papeles flojos en la adquisición de la imprenta Ciccone Calcográfica por parte de sus mejores amigos han comenzado a generarle adversarios impensados en la gasesosa galaxia kirchnerista.
Para entender mejor los actuales sufrimientos de Boudou es muy recomendable leer la columna de Gustavo Sylvestre hoy en El Cronista (ver página 17), quien analiza la caída en el Banco Central del gerente general Benigno Vélez y la guerra silenciosa que desde hace muchos meses mantiene el vicepresidente con Mercedes Marcó del Pont. Estrella del rocanrol kirchnerista, Boudou no va a ser tirado por la ventana de la Casa Rosada. Pero en los despachos cercanos al de la Presidenta ya no se lo defiende con tanta enjundia. Y se aclara que la misión del vice era evitar que a Ciccone se la quedara Boldt (una empresa de juegos a la que le asignan contactos con Eduardo Duhalde, antes, y con Daniel Scioli, ahora) para que la maneje algún empresario amigo del Gobierno. Amigos nuestros, no amigos de él..., chancean algunos funcionarios.
Si la suerte de Boudou depende de la Justicia por ahora no tiene mucho de que preocuparse. El caso está en la esfera del juez federal Daniel Rafecas, quien goza de la máxima confianza en la Casa Rosada y ya ha dejado saber por allí que las pruebas contra el vicepresidente no serían lo suficientemente sólidas como para que la causa avance hacia el peligro.
Lo que sí parece haberse esfumado en la buena relación que Boudou tenía con Moreno, quien antes lo calificaba de soldado probado en combate. Ahora, el súpersecretario le suele recordar malamente al vice su vínculo cercano con el banquero Jorge Brito, al que en privado ataca aún con más violencia que la que le dedica al CEO de YPF, Sebastián Eskenazi.
Cuando descansa de Boudou, Moreno le apunta a De Vido. Le adjudica a su ministerio la responsabilidad por la supuesta falta de inversiones de las petroleras y le ha prometido a la Presidenta que conseguirá petróleo y gas más barato que el que importa el Gobierno en el promocionado viaje de empresarios a Angola, que Moreno monitorea personalmente. En medio de ministros y secretarios sigue creciendo La Cámpora, la organización que fundó Máximo Kirchner, y que hoy consolida posiciones sobre todo en el área de Economía, para disgusto del flamante ministro Hernán Lorenzino (ver páginas 6 y 7).
Mientras las batallas internas arrecian, la sintonía fina anunciada por Cristina comienza a traducirse en aumentos de los servicios públicos y privados que harán sentir toda su inclemencia en el inminente marzo. Es el peor escenario para que la energía del Gobierno se consuma en la hoguera de sus vanidades.