ARGENTINA - INFORMADOR PUBLICO

feb
21
2012
Boudou, un error de CFK que favorece a Scioli 2015 - By Carlos Tórtora. // Máximo desplaza a De Vido en la conducción de los negocios - By Guillermo Cherashny // Dos cargos similares, dos países totalmente diferentes ¿por qué? - By Alfredo Weinstabl. // Un análisis marxista del Estado kirchnerista - By Agustín Laje
● Boudou, un error de CFK que favorece a Scioli 2015

febrero 21, 2012  -  By Carlos Tórtora

Daños colaterales.
 
El Boudougate puede resultar difícil de desinstalar en la opinión pública. El altísimo perfil del vicepresidente funciona en este caso como un boomerang. ¿Cómo se puede esconder al responsable de presidir el Senado justo cuando están por iniciarse las sesiones ordinarias del Congreso? Sin ir más lejos, el jueves de la semana que viene Boudou deberá ser el anfitrión de CFK cuando ésta concurra al Congreso para dar el discurso inaugural de las sesiones.
 
La lluvia de críticas que en Olivos se descargan hoy sobre el principal protagonista del escándalo de Ciccone Calcográfica sería apenas una catarsis que no evitaría en modo alguno los efectos políticos que van tomando cuerpo. Esto es, en primer lugar, la obvia conclusión de que la presidente se equivocó al elegir su compañero de fórmula. Privilegió en su elección la lealtad y no parece haber tenido en cuenta la falta de oficio político y la temeridad del elegido. Así las cosas, si el gobierno no consigue bajar de cartel el escándalo, la erosión puede alcanzar esta vez a la imagen presidencial. En círculos kirchneristas circuló el viernes la versión de que estaba en estudio la posibilidad de que Boudou pidiera una larga licencia, quedando la conducción del Senado en manos de su presidente provisional, la tucumana Beatriz Rojkés de Alperovich. Pero semejante medida sería leída como un reconocimiento implícito de las acusaciones contra el vice.
 
Paradójicamente -y para mayor desgracia para el cristinismo- la única figura mediática que consiguió construir el oficialismo además de la presidente, es precisamente Boudou. Los poderosos gerentes del poder, Guillermo Moreno, Carlos Zannini y Julio De Vido, son esencialmente personajes no mediáticos.
 
Hasta dónde llega el costo
 
Así las cosas, el cristinismo parece obligado por las circunstancias a defender públicamente a Boudou aun contra su voluntad, tratando de que el tema se vaya diluyendo con el tiempo, lo que hoy parece improbable pero que de ningún modo es imposible. Sin embargo, un primer balance indica que ya se van esbozando una serie de consecuencias políticas. La primera -y más obvia- es que toda especulación acerca de Boudou como sucesor de CFK es desde ya inviable, lo mismo que una eventual candidatura para la jefatura de gobierno de la Ciudad. La gravedad de las pruebas de corrupción que se están acumulando habla por sí sola.
 
La crisis de la figura del vice también desnuda la absoluta carencia de presidenciables que aqueja al cristinismo, ante la imposibilidad constitucional de la reelección de su jefa. Aunque siempre está como reserva Jorge Capitanich, con su ambición de instalarse en el escenario nacional. Pero en el cuadro actual, el Boudougate parece, por contraposición, darle oxígeno a Scioli 2015. Si se afirma en el tiempo la tendencia de un cristinismo sin presidenciables y acechado por las sombras de la corrupción, el gobernador bonaerense sería cada vez más la única alternativa racional para el grueso de la dirigencia peronista. Por supuesto que antes de que esto se consolide, el cristinismo podría jugar su carta mayor, poniendo en marcha el operativo de la reforma constitucional. Claro está que se trataría de una batalla realmente a todo nada. No obtener los dos tercios de votos necesarios en el Congreso o perder después la elección de convencionales constituyentes, le significaría al gobierno sufrir una derrota casi irreparable. Sin combatir, Scioli está alzándose así con una victoria que no esperaba. Para el cristinismo el problema es simple: necesita minimizar al máximo los daños, pero los mismos ya son suficientes como para atenuar el viento de cola que sopla desde el 23 de octubre.
 
En lo inmediato, no se descarta que en la Cámara de Diputados se presente un pedido de juicio político a Boudou. El oficialismo tiene plena capacidad para bloquear una iniciativa de este tipo, que serviría, no obstante, para alimentar el fuego.

 
 ● Máximo desplaza a De Vido en la conducción de los negocios

febrero 21, 2012 - By Guillermo Cherashny

La reaparición de la libreta negra.
 
La universidad santacruceña del latrocinio, con sede central en Río Gallegos y delegaciones en El Calafate, Caleta Olivia y Las Heras, ha sido una cantera inagotable de talentos para la función pública, como por ejemplo Claudio Uberti, Ricardo Jaime y otros hoy en decadencia, como Julio de Vido. De la misma fuente provienen Carlos Zannini y Héctor Icazuriaga, jefe de la SI (ex SIDE). Este último aseguraría que no sabía nada del Proyecto X de la Gendarmería y su mayor mérito sería llevarle a Cristina las escuchas telefónicas de la elite de los funcionarios K. Estas grabaciones serían del paladar de la presidente y su hijo Máximo. Lo cierto es que, desde el fallecimiento de Néstor Kirchner, la vieja camada que llevó adelante los negocios del gobierno, con De Vido como figura central, fueron perdiendo su poder ilimitado en favor de Zannini, Rudy Ulloa y Máximo, quienes usan La Cámpora para ocupar centenares de cargos de segunda y tercera línea. Pero son aquéllos los que retendrían el control de las operaciones económicas. A los cuadros camporistas les toca la misión de controlar la administración pública, colocando en ella funcionarios con altos sueldos, que en muchos casos pagarían mensualmente a la caja un alto porcentaje de los mismos.
 
La mítica libreta
 
Fuentes bien informadas señalan que Máximo Kirchner recientemente estaría en poder de la libreta negra de almacenero propiedad de su padre y que muchos pensaban que había quedado en manos del ex secretario presidencial Daniel Muñoz. El caso es que la versión señala que Máximo tendría ahora el control de este temible instrumento que permitiría establecer el no cumplimiento de los compromisos de muchos empresarios que conforman el club del capitalismo de amigos. Así sería que, disponiendo gracias a la libreta de cuentas más claras, la cúpula de La Cámpora apunta ahora a ocupar el Ministerio de Planificación y Wado de Pedro pide entonces la cabeza del Subsecretario de Control, Roberto Baratta, para reemplazarlo por un hombre propio. Obviamente, el punto final de este proceso no sería otro que la renuncia de De Vido, con el beneplácito de Guillermo Moreno. La táctica en uso es la siguiente: Moreno avanza quitándole poder a los ministros y La Cámpora ocupa las vacantes que se van produciendo. La reaparición en escena de la mítica libreta negra le permitiría entonces a Máximo exigirles el cumplimiento de los compromisos a unos cuantos empresarios. Pero, por el contrario, el gobierno estaría lejos de cumplir su parte en algunos casos. A la presidente le habrían escuchado decir poco tiempo atrás: “no me interesan los compromisos de mi marido”. Las ofensivas contra Sebastián Eskenazi y Jorge Brito serían una prueba de que no miente.
 
 
● Dos cargos similares, dos países totalmente diferentes ¿por qué?

febrero 21, 2012 - By Alfredo Weinstabl

Christian Wulff, presidente de Alemania. Cristina F. de Kirchner, presidente de Argentina.
 
Alemania hace casi 70 años era un país devastado, con sus industrias arrasadas, derrotado en una guerra mundial, ocupado por las fuerzas vencedoras en esa contienda, dividido en dos países con regímenes políticos totalmente opuestos. Hoy casi 70 años después, constituye un modelo de país democrático, una verdadera potencia económica mundial que prácticamente rige las políticas de la Unión Europea y es uno de los referentes mundiales.
 
Un país que debió reconstruir un verdadero régimen democrático e reinventar sus instituciones rectoras después de la guerra.
 
Contrario sensu, Argentina, un país con inmensas riquezas, se encontraba dentro de los seis o siete primeros puestos en el ranking mundial y se perfilaba potencialmente como un firme competidor de los EE.UU., que, más o menos en el mismo lapso, sin haber sufrido el flagelo de la guerra ni ocupación extranjera alguna, emprendió un persistente y franco retroceso en muchas de sus características y parámetros socioeconómicos compitiendo ahora con los países más atrasados y postergados del mundo.
 
Su sistema democrático es actualmente simplemente un ropaje, un verdadero disfraz que oculta un sistema absolutista, autoritario, corrupto y absolutamente ineficaz e inoperante.
 
Casi es una pregunta que puede considerarse tonta u obvia. ¿Por qué dos personas que tienen cargos similares en países democráticos, independientemente del sistema político imperante, y de sus responsabilidades de sus cargos enfilan a sus países en rumbos tan diferentes, Alemania cada vez más ascendente, Argentina en franca caída libre.
 
Evidentemente las causas de nuestro continuo retroceso son múltiples y son atribuibles a los sucesivos gobiernos que se sucedieron a lo largo de este lapso y se podría escribir un voluminoso libro al respecto.
 
Pero hay un periodo gubernamental que se lleva los laureles al respecto: la dinastía de los Kirchner. Es la frutilla del postre de la asombrosa declinación argentina.
 
No quiero enumerar la verdadera montaña de errores, torpezas, falsedades, actos de mala fe y corrupción superlativa de esta dinastía ya que prácticamente lo hago en casi todos mis escritos.
 
Simplemente quiero exponer un solo ejemplo que habla por sí solo.
 
El presidente alemán, Christian Wulff, renunció a su cargo por unas vacaciones que habrían sido pagadas por amigos y un préstamo personal en condiciones muy ventajosas, también otorgado por un allegado, que hacen sospechar y entrever un tráfico de influencias y un intento de acallar un medio que publicaba el hecho.
 
En el momento de presentar su renuncia manifestó “el país necesita un presidente que pueda superar los desafíos nacionales e internacionales, y que goce no solo de la confianza de una mayoría, sino de una amplia mayoría. Yo no cuento más con esa confianza.” También dijo “ser sincero en sus dichos y reconoció sus errores” y que “Estoy convencido de que (las investigaciones) conducirán a un total descargo (de mi persona)”
 
Wulff era apoyada por la Canciller Angela Merkel y el oficialismo. En síntesis, renunció por haber dañado la credibilidad política.
 
Si intentamos comparar el caso del presidente alemán con nuestra presidente, la Sra. Cristina Kirchner, rápidamente dejaríamos de lado el intento…y al mismo tiempo nos mataríamos de risa (o lloraríamos profundamente acongojados) por lo absurdo de la idea.
 
No creo necesario enumerar las múltiples sospechas de desenfadada y escandalosa corrupción de los Kirchner y la cantidad de denuncias al respecto. No solo ello, sino la protección oficial a través de la manipulación de la Justicia, de la enorme cantidad de denuncias de corrupción de sus amigos, funcionarios y colaboradores.
 
En un poco más de un año en el cargo la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, ya separó a cinco o seis de sus ministros por falta de ética política o por denuncias o sospechas de corrupción.
 
Creo que para el lector es simple llegar a una conclusión porque estamos en caída libre.
 
Dr. Alfredo Raúl Weinstabl
 
alfredo@weinstabl


● Un análisis marxista del Estado kirchnerista

febrero 21, 2012 - By Agustín Laje

Siendo una de las teorías más conocidas de Marx −y de hecho sobre la que se asientan en gran medida los presupuestos de explotación que se le adjudican al sistema capitalista−, la plusvalía, en términos simples y concretos, refiere al trabajo no remunerado del asalariado. El filósofo alemán se preguntaba de dónde provenían los beneficios del empresario, concluyendo que había una porción de lo trabajado por sus hombres (“plusvalor”) que aquél apropiaba injustamente generando una situación de explotación.
 
Valga destacar que la teoría es disparatada por lo simplista de principio a fin. En efecto, toda producción se origina conjugando los llamados “factores de la producción” (recursos de la naturaleza, capital y trabajo), recayendo sobre el empresario la responsabilidad de reunirlos, combinarlos, administrarlos, innovar y arriesgar. La idea de plusvalía pretende, al contrario, que la cantidad de trabajo es la única causa del valor de cambio de las cosas, con lo cual, y si esto fuera así, una empanada de barro debiera costar en el mercado lo mismo que una de carne, por ejemplo. Pero todos sabemos que eso no es cierto, y se debe a que no sólo las horas de trabajo determinan el precio de un producto.
 
No obstante esto último, cabe reconocer que el concepto de plusvalía −en tanto apropiación de porciones del trabajo ajeno− es paradójicamente interesante para el análisis de la Argentina actual.
 
Si algo ha caracterizado a la gestión kirchnerista desde mayo de 2003 a la fecha, eso ha sido el paulatino y desmesurado crecimiento del Estado en desmedro de los derechos individuales de sus ciudadanos. Desde los parasitarios planes sociales (que expropian a los que trabajan en beneficio de quienes no lo hacen), pasando por las viandas y servicios de divertimento y ocio “para todos” (financiados con el dinero de quienes no los consumen), hasta los improductivos emprendimientos que el Estado encara cuando quiere jugar a ser empresario (cuyo déficit, como el de Aerolíneas Argentinas que pierde 2 millones de dólares diarios, lo pagamos entre todos), constituyen algunos ejemplos ilustrativos.
 
Así como Marx se preguntó de dónde provenían los ingresos del capitalista, resulta ahora interesante preguntarse de dónde provienen mayoritariamente los ingresos del “Estado de Bienestar”. En efecto, dado que en esta vida nada es gratis, la obesidad estatal debe financiar tanto su ineficiencia connatural como sus políticas de corte clientelista de alguna manera. O bien lo hace a través de un sistema tributario que conciba al ciudadano casi como un esclavo y lo despoje en altas proporciones del fruto de su trabajo, o bien emitiendo dinero espurio sin sustento en bienes y servicios que provoca inflación y disminuye el valor real del dinero de las personas, expropiándolas así indirectamente. En definitiva, lo cierto es que de una u otra forma, el Estado obeso se financia metiendo la mano en el bolsillo de la gente. Así de simple.
 
En la Argentina kirchnerista ambos mecanismos están puestos en marcha: según diferentes investigaciones privadas, la carga impositiva entre impuestos directos e indirectos (sin contar la inflación), va desde el 40% hasta el 60% de los ingresos anuales de los ciudadanos. ¿Qué quiere decir esto? Que de 365 días que tiene un año, los argentinos trabajamos entre 146 y 219 días −dependiendo el caso− no para nuestro propio provecho, sino por pura servidumbre. A ello deberíamos sumarle los efectos nocivos de una inflación que va, dependiendo la fuente, desde el 9.5% en hipótesis de mínima, hasta el 30% en hipótesis de máxima. Téngase en cuenta, por si hiciera falta aclararlo, que a quienes afecta en mayor medida la inflación no son a las clases pudientes sino a los sectores de menores ingresos.
 
A la luz de estos datos de la realidad, es difícil no recordar la plusvalía de Marx y preguntarse en esos mismos términos, aunque invirtiendo su idea: ¿no estamos asistiendo no a la cacareada “explotación del hombre por el hombre”, sino a la explotación del hombre por el Estado?
 
Agustín Laje
La Prensa Popular
 
* Agustín Laje tiene 23 años y es autor del libro “Los mitos setentistas”.
 
www.agustinlaje.com.ar

 
@agustinlaje


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