Qué sectores ganan con el acuerdo UE-Mercosur
El tratado abre nuevas posibilidades de exportación para varias actividades y, al mismo tiempo, impone exigencias a otras que deberán competir en un mercado con reglas más estrictas
Con la entrada en vigor del acuerdo Mercosur-UE, las economías regionales argentinas se acomodan a un nuevo mapa de oportunidades comerciales, pero no lo hacen de manera uniforme. La dinámica del impacto dependerá de la inserción previa de cada sector en el mercado europeo, del nivel de desgravación arancelaria y de si la mejora viene con cupos, cronogramas o condiciones específicas de acceso.
El marco general que define el giro de la política comercial es claro: el acuerdo libera el 100% de los bienes industriales y el 82% de los bienes agrícolas para ingresar a la Unión Europea. Ese diseño amplía el abanico de productos con potencial exportador y obliga, a la vez, a revisar estrategias de precio, volumen y propuesta de valor en aquellos rubros donde la competencia puede intensificarse.
En ese panorama, la pesca se perfila como uno de los sectores con beneficios más directos para los productos con una presencia consolidada en Europa. El caso más destacado son los langostinos congelados, principal producto de exportación de la actividad, que hoy enfrenta un arancel de hasta 18% para entrar al bloque. La reducción se plantea como un proceso gradual: el gravamen bajaría hasta 0% en un plazo de cuatro años, con una característica relevante para el desempeño empresario: sin cupos. Al eliminar esa limitación, la mejora no queda restringida por volumen asignado, lo que puede incidir en márgenes y en la posibilidad de sostener o expandir colocaciones.
La mejora para la pesca se entiende mejor si se mira la lógica competitiva que impone una rebaja arancelaria sin cupos: los exportadores ganan margen para ajustar precios, negociar mejores términos logísticos y profundizar la colocación en un mercado que ya conoce el producto. En actividades donde el costo final y la capacidad de respuesta comercial son determinantes, un cambio de este tipo suele traducirse en mayor estabilidad de demanda.
Un segundo caso con potencial de expansión es el complejo manisero, donde el acuerdo aparece como una herramienta para avanzar más allá del acceso ya existente. Aunque el maní en grano ya ingresaba en condiciones relativamente favorables, el margen de mejora se concentra en los productos industrializados. En particular, la desgravación progresiva abre una escalera para ganar valor agregado con aceite de maní, maní tostado y manteca de maní, rubros que suelen capturar mayor rentabilidad por unidad, además de permitir diferenciación y contratos de mayor duración con importadores.
La relevancia del maní se vincula también con la demanda europea: Argentina es el origen de buena parte del maní que consume la Unión Europea. En esa combinación —inserción previa más mejora arancelaria en industrializados— el acuerdo funciona como acelerador para negocios que ya tienen relaciones comerciales y estándares cumplidos, pero que ahora pueden mejorar condiciones para escalar en categoría de producto y margen.
La miel , en cambio, opera bajo una lógica distinta porque el beneficio está atado a un cupo. El sector viene mostrando un fuerte dinamismo exportador y concentra su oferta hacia Europa casi exclusivamente en miel natural , que representa cerca del 98% de las exportaciones del rubro. En términos de inserción comercial, la Unión Europea absorbe aproximadamente el 28% de los envíos argentinos. Ese peso explica por qué el diseño del acceso resulta determinante: el acuerdo introducir una mejora arancelaria donde la miel natural dejaría de tributar el arancel base de 17,3% y podría ingresar con arancel cero dentro de un cupo de 45.000 toneladas para el Mercosur.
El dato del funcionamiento del cupo es especialmente operativo: en mayo , el sector equipado el cupo vigente. Aun así, mientras el Mercosur mantiene y negocia la distribución del volumen entre los países miembros, el acceso para futuras cuotas seguirá administrándose bajo un criterio FIFO (“primero en entrar, primero en salir”). En la práctica, eso significa que la oportunidad no solo depende del arancel, sino también de la capacidad de planificación comercial, coordinación de tiempos de embarques y logística para capturar cupos futuros.
Además, por tamaño de mercado, el impacto potencial tiene una escala relevante. Considerando que Argentina exportó alrededor de 90.000 toneladas de miel en 2025 , la obtención de una participación relevante dentro del cupo puede traducirse en un salto concreto en colocaciones o en una mejora directa del desempeño para los actores que logren asegurar el acceso en el esquema administrado.
El complejo forestal-industrial introduce un matiz importante: el desafío no parece centrarse únicamente en el arancel, sino en la capacidad de ampliar o diversificar la oferta exportable. Hoy, el sector tiene una participación limitada en el mercado europeo, aunque con potencial de crecimiento. En productos donde la ventaja ya existía, como la pasta química de madera y la madera aserrada de pino , el acuerdo no modifica radicalmente la ecuación porque ya ingresaban con aranceles liberados.
La novedad aparece con bienes donde antes había afectado y que ahora tendrán un esquema de degradación gradual. Entre los rubros mencionados se ubican la madera contrachapada , los tableros de fibra , el papel y el cartón , que actualmente enfrentan aranceles y pasarán a beneficiarse de la reducción progresiva. En este caso, la ventaja arancelaria podría transformar el horizonte comercial si los exportadores convierten esa mejora en nuevos contratos, calibran especificaciones y logran sostener volúmenes consistentes en calidad y tiempos.
En la misma línea de oportunidades que requieren adaptación, el complejo vitivinícola combina fortalezas con tensiones competitivas. El acuerdo mejora las condiciones de acceso de los vinos argentinos a la UE mediante la reducción y eliminación gradual de aranceles. A la vez, impulsa elementos no arancelarios que pesan en la estrategia comercial: facilitar el reconocimiento de prácticas enológicas, establece mejoras en normas de etiquetado y refuerza la protección de indicaciones geográficas , un activo central para regiones productoras que sostienen su propuesta en origen y diferenciación.
Sin embargo, el punto sensible está en la apertura cruzada. El acuerdo habilita el ingreso gradual de vinos europeos al mercado del Mercosur, lo que puede presionar los márgenes de la industria local en su mercado de exportación más relevante. En un contexto donde los vinos europeos vienen creciendo en presencia comercial dentro del Mercosur, la competencia externa deja de ser un tema “futuro” y pasa a ser un factor inmediato en la definición de precios, promociones y posicionamiento.
Por último, el sector lácteo aparece con una apertura más bien defensiva. El acuerdo otorga acceso preferencial a productos como leche en polvo y distintos tipos de quesos , pero el beneficio queda sujeto a cupos arancelarios administrados a nivel regional . Ese encuadre limita el alcance y condiciona el salto exportador: aun con degradación, el volumen posible está restringido por el diseño de asignación y administración del cupo.
A esa limitación se suma una doble presión competitiva. Por un lado, la competitividad de los lácteos europeos, que ingresarán al mercado regional con una reducción gradual de aranceles en segmentos donde la Unión Europea es líder. Por el otro, la protección de indicaciones geográficas europeas, que podría requerir adecuaciones comerciales para determinados productos y denominaciones. El acuerdo contempla excepciones puntuales para usuarios preexistentes vinculados a denominaciones como Parmigiano Reggiano o Gruyère , lo que alivia ciertos impactos, pero no elimina el desafío de adaptación para el resto del universo comercial.
En síntesis, el acuerdo Mercosur-UE funciona como un régimen de impacto diferenciado. Hay sectores donde la degradación —y en algunos casos la eliminación de cupos— puede traducirse en mejoras rápidas de competitividad. En otros, el acceso mejora, pero exige capacidad de ajuste: diversificación de productos, planificación para capturar cupos, estrategias frente a competencia cruzada y alineación con marcos regulatorios y de denominaciones. El resultado final dependerá de cómo cada complejo transforme la nueva estructura arancelaria en una estrategia exportadora concreta y sostenida.
Redacción con información de Infobae