QUE EL ÚLTIMO APAGUE LA LUZ - 13/01/2010

13/01/2010

El título no es un mero capricho ni una graciosa expresión para atraer la atención del lector.

Es la fina lectura de una realidad argentina que, lamentablemente, golpea a todos los habitantes de la Nación.

La Argentina está claramente dividida en dos sectores: uno incluye a todos los habitantes que tienen poder económico, los que tienen un buen pasar, los que no sufren los golpes de la realidad económica, financiera y social que zamarrea a la sociedad.

El otro sector es el de los que no tienen poder económico, los que comen una vez al día –o dos alguna vez, con mucha suerte-, los desposeídos de siempre, los que existen en una sociedad en la que sólo tienen derecho a las carencias.

Es una sociedad en la que coexisten los que pueden con los que no pueden.

Los que tienen con los que no tienen.

Los que tienen derechos y los usan.

Los que tienen derechos y nadie deja que los usen.

La Argentina tiene una enorme capacidad de absorción de todos los males.

Ha tenido gobiernos dictatoriales, violentos, que aplicaron y aplican el apriete para resolver problemas de Estado.

Hemos tenido gobiernos que estuvieron pero que no existieron; gobiernos entregadores del país; otros que cercenaron los derechos de la ciudadanía, gobiernos militares que se creyeron superiores a la propia Constitución Nacional… etc. etc.

Todos ellos hicieron que la Argentina avanzara dos pasos hacia adelante, uno para atrás. Esos gobiernos, que fueron verdaderos desgobiernos, ayudaron a hacer de la Argentina el paraíso de los funcionarios delincuentes, de los políticos ignorantes pero inteligentes para hacer negocios con beneficios propios, que transformaron a la Argentina en el refugio de los corruptos…

Es la Argentina un pobre país, al cual le han pasado todos los males, que tiene todas las enfermedades, que tiene mucho más que las 7 plagas de Egipto…

Hasta el pueblo, patriota pero indefenso, se equivoca cada vez que tiene que votar.

El ciudadano argentino, enfermo de esperanza sobredimensionada, vota con el corazón. Y es frecuente que el corazón lo engañe.

Porque se deja arrastrar por los discursos brillantes de sádicos enfermizos, que aluden a la Patria sin quererla, al pan de los pobres para matarlos de hambre y a la salud de los pequeños argentinos, para quebrarles el futuro.

Gobiernos que destruyen al campo cuando ellos mismos han lucrado con el campo, la columna vertebral del progreso de la Nación.

Que atacan sólo al que trabaja, mientras que benefician con dinero al vago, al irresponsable, al que ha hecho de los planes sociales, su único medio de vida porque no le interesa trabajar, porque total, el gobierno lo alimenta a él, a su mujer, a sus hijos –los que tenga-, a sus cuñados, a sus sobrinos, etc. etc. etc.

Estos gobiernos recaudadores, que a diario piden producción y que no venden la tierra porque no hay barcos tan grandes como para cargarla a toda, que permiten que se llevan el agua potable desde el norte de Santa Fe a los países del primer mundo, que reniegan de las grandes potencias pero que le mendigan créditos en cuanta oportunidad se le presente, que viven del sacrificio de los pobres argentinos y los obligan a vivir en la indigencia, sin comida ni agua potable….   Son gobiernos corruptos que desgobiernan la Argentina y quizás sea hora de ir terminando con ellos, haciendo que las elecciones sean una verdadera lección de democracia y de civismo, antes de que todo se caiga deshecho en 5 mil pedazos.

Si ello no se produce gracias a los argentinos bien nacidos, quedará el final de la historia, quizás, a cargo del último ciudadano lúcido para que –como colofón- silenciosamente, apague la luz…

 

Jorge Cané

Directro Periodístico de

RadioMercosur.com

jcane@radiomercosur.com

 


 

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