El futuro de la humanidad se deposita hoy en dos elementos imprescindibles
para la vida futura, que son el agua y los combustibles.
En esta problemática, los países con
gran poder económico ponen todo su esfuerzo en lograr obtener fuentes de aguas
(propias o ajenas) no importa en qué lugar del globo se encuentren y en hallar,
también, yacimientos de petróleo que sirvan para mantener al mundo (o a sus
países) más tiempo con los combustibles que se pueden obtener a partir del que,
alguna vez fue, el llamado “oro negro”.
Y como si fuera calcado de una no muy
lejana y triste época de la historia Argentina, el fantasma de una guerra de
este país con Gran Bretaña, se vuelve a reflotar.
En 1982,
Ese conflicto le costó a
Hoy, después de tres décadas, los
argentinos volvemos a enfrentar una situación ríspida con Gran Bretaña, un país
que maneja muy bien sus intervenciones diplomáticas, pero que se siente mejor
en los conflictos bélicos como lo prueban la infinidad de conflictos en los que
participó, como, por ejemplo, las dos guerras mundiales.
Gran Bretaña, como EEUU, Francia y otros
“grandes”, está acostumbrada a las guerras. Es hábil en el denominado “arte de
la guerra”, porque, si a algo se preparan sus jóvenes generaciones, es a la
lucha, al manejo de armas y otros aparatos bélicos, cosa que no le ocurre a los
argentinos, en este caso, que no tenemos ni siquiera , servicio militar.
Sin embargo, con esta actitud, Gran
Bretaña no busca un conflicto armado, busca lo que toda potencia desea
encontrar en estos nuevos tiempos: agua
y combustible. En la búsqueda de esto último, su fin es encontrar petróleo
donde fuere.
Precisamente, las posibilidades se dan
en un territorio que está en conflicto de pertenencia. Un territorio que, en
cualquier momento pude dejar de ser un problema para los argentinos porque los
británicos pueden llegar a declarar independiente, situación con la que Gran
Bretaña hace su juego.
Ahora bien: ¿por qué decíamos al
comenzar este análisis que la situación parecía ser calcada a la de 1982 en
Porque el gobierno de Cristina Kirchner,
nunca tan devaluado como ahora, endeudado, con demasiados problemas internos, enfrenta
esta cuestión internacional como una gran oportunidad para que el pueblo
argentino se llene de pasión nacionalista, para que la presidenta haga
encendidos discursos donde la patria, la tierra, la historia y cuanta palabreja
sirva para estimular el apasionamiento patriótico de su pueblo pueda caber,
para hacer que la ciudadanía, fije su mirada en ese tema y no en los graves
conflictos internos que enfrenta el “desgobierno” del pseudoperonismo de los
Kirchner.
Un tema debe cubrir al otro. Distraer la
atención. Sustraer del pensamiento de los argentinos. El conflicto con Gran
Bretaña –donde
Es cierto que Gran Bretaña y
Gran Bretaña –ya lo dijimos antes-
también es hábil en el juego diplomático y sabe perfectamente que la dilación en resolver un tema los puede llevar a tratarlo cuando el
tema deje de ser “el tema”. O sea, cuando ya no sea necesario discutir la posesión de las islas porque los
británicos le otorguen a posibilidad de pedir su
autodeterminación a Reino Unido, seguramente, con la flema que los caracteriza,
los británicos dirán, sencillamente, señores: se acabó la cuestión. Las Islas
son un territorio independiente, otro país. Y
Si existen realmente reservas petroleras
en derredor de las Malvinas, los habitantes de estas islas, todos ingleses,
pedirán su autodeterminación. Ellos decidirán si quieren ser independientes,
cosa que ocurrirá, sin duda alguna. Entonces, llegarán a las islas más
militares, barcos, aviones, civiles y todo cuanto deban llegar a su extensión
para proveer al nuevo país.
Y los argentinos nos quedaremos mirando
cómo, en 200 años de existencia independiente, no fuimos capaces de desarrollar
nada, de sentar nuestras bases y echar raíces, en esas apartadas islas que, sin
embargo no están tan lejos de nuestras orillas continentales.
A esta situación se llega por la pésima
política internacional que nos ha llevado a perder la posesión de ese
estratégico territorio. Debíamos haberlo sabido cuidar.
Pero,
un país cuyos gobiernos no saben cuidar ni siquiera a su pueblo, mal
podemos pedirle que haya cuidado un archipiélago a cientos de distancia de la
costa y sobre el cual sólo podríamos recibir como respuesta oficial “para qué
sirve”.
Mientras tanto, sigamos en lo pequeño,
en lo superficial, en lo intrascendente. Sigamos hablando, nada más y
protestado también, porque las islas, mal que nos pese, se nos están escapando
de las manos.
Jorge Cané
Director Periodístico de
RadioMercosur.com
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