DE ESPALDAS A LA GENTE

23/10/2009

La irracionalidad y la arbitrariedad suelen ser los únicos caminos empleados por los poderosos con poder de decisión, cegados por la prepotencia, la confrontación, el enriquecimiento a como dé lugar  y el poder por el poder mismo.

 

El  razonamiento hace que los seres humanos podamos ir más allá de los brutales deseos de los animales que nos permiten determinar si un acto es producto de nuestros errores o el resultado de nuestras peores decisiones, de nuestros propios sentimientos e instintos.

Porque de ser así, es natural y hasta comprensible que un funcionario de gobierno, presuntamente democrático, atente con tanta frialdad de los bienes del pueblo de una nación y ponga en peligro a la Nación misma.

Juan Perón ya decía, allá por la década del 60 ó 70, que “la historia de la humanidad es una limitada serie de instantes decisivos”  y no cabe duda, entonces, que lo que en el futuro se decida dependerá de los hechos que estamos presenciando y viviendo.

¿Qué hechos estamos presenciando por estos tiempos?

En primer lugar estamos presenciando cómo un gobierno, supuestamente votado por la amplia mayoría de los electores, tomó una decisión equivocada y, con la complicidad de pequeños sectores políticos, sigue sosteniendo su error aún ante el perjuicio millonario en dólares, a la nación y a millones de habitantes que nada pueden hacer para revertir la medida tozudamente mantenida por eso que llaman Gobierno.

Existe un verdadero divorcio entre las necesarias medidas que requiere el campo, por ejemplo, y el pensamiento de los principales dirigentes políticos con el acompañamiento de un grupúsculo de políticos y politiqueros, de piqueteros mantenidos por el Estado con el dinero del pueblo todo y pequeñas agrupaciones denominadas sociales porque se mueven en lugares humildes, pagados, también, con el erario público.

Si bien el pensamiento y la acción deben tener una presencia coordinada, no existe hoy esa virtud entre ambos. Mientras los hombres que conducen el país, no pongan de acuerdo sus ideas, la crisis de los valores sociales y económicos seguirán habitando en pompas de jabón, seguirán cayendo al vacío y perdiéndose en los oscuros agujeros del espacio.

Ya que en la Argentina, el gobierno dice ser peronista, sería oportuno recordarle que el Gral. Perón –que echó a muchos de los que hoy son funcionarios de la Plaza de Mayo porque eran unos jóvenes imberbes y sin experiencia- expresaba, que, por aquellos tiempos también, ya había un distanciamiento entre el pensamiento abstracto de los gobiernos y su acción a favor de la vida y las necesidades de los pueblos, cosa que sigue siendo igual por estos tiempos. Es más: la distancia entre ambos conceptos es cada vez mayor, como si fuera que, quienes tienen la responsabilidad de aplicar la ley y por ende la Constitución Nacional, estuvieran ajenos a la realidad que viven los pueblos que gobiernan. La pequeña economía parece no importarles a los funcionarios públicos, especialmente, a los responsables de las grandes decisiones en las provincias y la nación.

Perón –a quienes muchos supuestos peronistas se llenan la boca nombrándolo- sintetizaba este tema diciendo que “Es posible que el cultivo de las grandes verdades, la persecución infatigable de las razones últimas (o sea la acción del Estado), hayan convertido a una ciencia abstracta y docente por naturaleza en un virtuosismo técnico, con el consiguiente distanciamiento de las perspectivas en que el hombre suele desenvolverse”.

Sobre el tecnicismo y el gran fondo filosófico que es la Verdad de una acción, ha prevalecido una cuestión de tendencias, ajenas al ansia del verdadero conocimiento a cuya satisfacción debería consagrarse toda fuerza creadora.

Son las decisiones tomadas sentados frente a un cómodo escritorio, alejados de la realidad tangible de quienes necesitan y sufren.

Existe pues una ausencia de tesis fundamentales donde sólo se tienen en cuenta las pequeñas cuestiones que producen desconcierto en el pueblo y atentan contra el progreso de las áreas del trabajo, retrasando el crecimiento. Será por ello que la clase política entra permanentemente en colisión con las necesidades de los trabajadores y de los capitales puestos al servicio de la producción. 

Sencillamente es gobernar a espaldas del pueblo parloteando sobre tecnicismos incomprensibles y alejados de las realidades tangibles. ●


Jorge Cané

Director periodístico de Radio Mercosur.com

jcane@radiomercosur.com


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