Argentina bicentenaria - Dos pasos adelante, un paso hacia atrás...

22/05/2010

Pareciera ser que no es cierto, pero, nuestro país, la Argentina, ha llegado, a los tropiezos,  a su Bicentenario. En realidad, hemos llegado a los 200 años de la liberación de los lazos que nos ataban a España. Seis años faltarían, aún, para celebrar la Independencia Jurídica Argentina mediante la solemne declaración firmada por los representantes de las provincias reunidos en Tucumán, aquel 9 de julio de 1816.

 

Pero ya son 200 años de aquel 25 de mayo de 1810, -según los testimonios de testigos de aquellos hechos-, día en que, 9 ciudadanos prominentes de ese incipiente territorio nuestro, integraron la llamada Primera Junta de Gobierno.

 

A partir de ese día, los ciudadanos de este país -¿argentinos?- comenzamos a transitar un camino impregnado de espinas, de piedras, de muchos árboles y de mucho polvo, como el que flotaba en el aire toda vez que alguna galera, algún caballo u otro animal salvaje, osara cruzar raudamente la extensión del territorio liberado.

 

Por supuesto, el primer gobierno patrio fue encabezado por un militar, como se hizo costumbre, a través del tiempo, por los golpes militares que asolaron el suelo argentino en las dos centurias.

 

Es la hora de los balances, de sincerarnos con nuestro pasado, de poner sobre la mesa las cartas con las que contamos para este tránsito independiente de la vida nacional.

 

Muchas cosas han pasado por estos territorios agrestes, silenciosos y ocupados por tribus indígenas que tuvieron a raya a los primeros europeos llegados por entonces.

 

Todo era paz, era sosiego, y pululaban por doquier los pájaros cantando, los animales salvajes mostrando sus pieles y plumajes, y las aguas de ríos y arroyos corriendo sin control ni contaminaciones por su cauce serpenteado y caprichoso.

 

Pero todo se acabó, un día. Había llegado el hombre europeo, que, además de dañar la flora, esquilmar la fauna y robar cuanto pudiera, hizo gala de una violencia y una persecución a toda costa dignas de mejores causas.

 

Y así cayeron  uno a uno, los mal llamados indios, que no eran otros que “los primeros habitantes”, los seres autóctonos de la patria naciente.

 

Porque para que este territorio se convirtiera en lo que hoy es, tuvieron que venir los europeos, con su carga de curiosidad, de prepotencia y de violencia desmedida, a pisar este suelo y a aprovecharse de los seres autóctonos que no conocían el vidrio y se quedaron sin el oro y sin la plata, pero se quedaron con el vidrio.

 

Y a partir de allí, la historia de paz y de sosiego que este territorio vivía, como en un edén pese a los malones, se transformó en la tumba de los seres autóctonos, en tanto llegaban más europeos con su carga de sífilis, intenciones de apropiación y la actitud despiadada de quienes decían darnos  su cultura, impuesta luego a sangre y fuego “en el Sagrado nombre de los Reyes”…. Esos reyes que, de este suelo que no conocieron, se llevaron sus riquezas y acrecentaron su fortuna, construyendo sus imperios invulnerables.

 

Después de 200 años, nos toca a los propios argentinos reconocer que hemos pasado una mitad del tiempo construyendo. La otra mitad destruyendo lo que hizo el anterior. Dos pasos para adelante y un paso para atrás.

 

Hemos avanzado, sin duda. Dos pasos hacia adelante, construyendo rutas, fábricas, utilizando la ciencia y la técnica, instalando usinas, dándonos confort y lujo, criando mejores vacunos, en fin, tratando de mejorar nuestras primeras chozas, nuestras primeras casas de barro para llegar a estos imponentes edificios que hace de Buenos Aires, la reina del Plata, una de las ciudades más imponentes del mundo. Bellísima. Dos pasos para adelante. Ella transformó a esta patria en macrocefálica, en tanto el interior espera todavía crecer.

 

Igualmente, junto con este avance maravilloso que pudimos concretar los argentinos, con trabajo y con inteligencia, llegó la contracara de este avanzado crecimiento: aprendimos rápidamente cómo se hace para utilizar con libertad y prepotencia, aunque no lo parezca, el dinero público, cómo se hace para llevarnos el contenido de la caja fuerte con que debieran construirse muchas obras que podrían favorecer al gran pueblo argentino, ¡salud! en nombre de los argentinos…Un paso para atrás.

 

El gran pueblo, suponemos nosotros, nunca fue ni atendido ni escuchado por los argentinos del Poder, esos argentinos que aprendieron a coimear, a estafar, a robar, a asesinar por dinero, a quedarse desde los cargos públicos con la plata de los impuestos que paga el Gran pueblo argentino ¡Salud!…. Estos argentinos que honraron a los europeos que, escapados muchos de ellos de la justicia del Viejo Mundo, esparcieron su semilla de maldad en este suelo como miembros de esta nueva raza nacida a las orillas del Plata.

 

Igualmente, festejemos el Bicentenario, con gobiernos peleados con todos aquellos que no piensan ni pensarán como ellos, con un raro concepto de la democracia que, en realidad, nos enseña que discutir con respeto es sano y que aceptar el disenso nos enaltece; que saber escuchar es la fórmula para luego actuar con sentido común y aceptar que no estamos solos.

 

Que la prepotencia, la diatriba contra el opositor no edifica un país, más bien lo atrasa y lo destruye. Que aprovecharse del dinero público y manejarlo a discreción y sin control, nos lleva al precipicio del cual no podremos a salir por nuestros propios medios, sino pidiéndole una soga a nuestro enemigo, mal que nos pese.

 

Doscientos años de grandes conquistas, 200 años de enterrar a nuestros seres asesinados…. 200 años de grandes realizaciones y de grandes e imperdonables pérdidas.

 

Habrá que hacer un profundo análisis de lo que fue nuestra existencia hasta aquí. 

 

Qué hicimos de nuestros tiempos. Qué hicimos con nuestras riquezas. Qué hicimos de nuestros árboles, de nuestros ríos, qué hicimos de los pájaros que cantaban en este inmenso territorio nuestro.

Qué hicimos de nuestra vida como comunidad.

 

Pensemos si hemos sido capaces de construir una gran nación y si hemos podido consolidar una sociedad más trabajadora, más activa, más digna, más conciente, más justa y más solidaria. Si somos realmente libres. Si somos realmente felices.

 

Si ud. cree que hemos conseguido todo esto, festeje con estridencia este Bicentenario.

Argentino, que nos encuentra a todos desunidos y empobrecidos.

 

Jorge Cané

Director periodístico

www.radiomercosur.com

 

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