21 de Septiembre, 2019
Radio Mercosur
Opinión

ARGENTINA: DEMASIADAS MAFIAS PARA UN SOLO PAÍS

La Historia Argentina llenó sus páginas de centenares de hechos históricos, de personajes célebres, de acontecimientos que enriquecieron las páginas de nuestro pasado...

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"Yo creo en mi familia. Creo en ti y en los hijos que podamos tener. No confío en la protección de la sociedad, y no tengo intención de poner mi destino en manos de unos cuantos tipos cuyo único mérito reside en habérselas ingeniado para conseguir los votos de la gente."- De la película EL PADRINO - Parte II

 

La Historia Argentina  llenó sus páginas de centenares de hechos históricos, de personajes célebres, de acontecimientos que enriquecieron las páginas de nuestro pasado, y de sucesos  que ennegrecieron los recuerdos y entintaron con el rojo de la sangre derramada, muchas páginas que no nos han dejado ningún aprendizaje, pero que también -y no nos enorgullece- forman parte de nuestra historia.
 
La Historia argentina se ha escrito con la letra del sacrificio permanente, de los hechos heroicos, de los argentinos en la calle, decenas de persecuciones sangrientas de los organismos de Seguridad para con los trabajadores y la juventud ignorante clamando por derechos que no conocen haciendo tronar los bombos en lugar de ir a las escuelas para estudiar, con Sindicatos pidiendo dinero, derechos y más dinero... Ninguno habla de las responsabilidades y obligaciones que ellos y todos nosotros  tenemos, como ciudadanos,  para con la Patria Argentina. Todas estas son actitudes mafiosas, lo quieran entender o no.
Siempre ha habido mafias en el país, una más importante que otra, una más sangrienta que otra, pero todas con los mismos objetivos: hacer dinero y conseguir poder.  Muchas organizaciones de este tipo,  vinieron de afuera y encontraron eco en los sórdidos espacios ocupados por desempleados, trabajadores, ladrones, vagos e ignorantes como caldo de cultivo.
 
Las mafias, también conocidas como camorra o hampa, se  enquistaron en dos áreas  que le fueron propicios para su desarrollo sostenido; el comercio y la política.
 
Con el paso de los tiempos, las mafias se instalaron en otras áreas como la de la producción, en el periodismo, en los Poderes Públicos, en la Justicia, en fin, camorras de todas layas (Martín Fierro), y por supuesto gobernadas por gente de avería, desde la más desposeída raigambre social y carencia cultural hasta la del más rancio linaje y profesiones con apellidos notorios.
 
Pretender ser el único en una actividad, imponer por ello la eliminación de un competidor, eliminándolo de manera hartera (1) del mercado de ofertas, e incluso presionar al comprador para que adquiera únicamente lo producido por una sola marca, es una actitud mafiosa.
 
Según el idioma español, la mafia es un sustantivo femenino, que indica, de manera casi similar, qué es una mafia.
 
1 - Organización clandestina de criminales nacida en Sicilia (Italia) que ejerce su poder mediante el chantaje, la violencia y el crimen.
 
"La Mafia se originó en Italia pero está muy extendida en Estados Unidos de América"
 
2 - O, si lo prefiere, la Mafia es una organización clandestina de criminales que intenta conseguir el monopolio de sus actividades delictivas en un lugar cualquiera del planeta.  
 
"Hay datos que avalan la conexión de la mafia gallega con las redes del narcotráfico de la Costa del Sol" en España. Pero, supuestamente, esta mafia no fue la primera.
 
Ambas definiciones coinciden en que la mafia es una organización delictiva clandestina -pero no siempre- de gran poder y llegada social, que intenta -y a veces lo consigue- mediante el chantaje, la violencia y el crimen afirmar sus bases donde le fuere posible.
 
Así como las mafias encontraron "un lugar en el mundo" en la ciudad de Chicago (EEUU), en la Argentina también encontraron un lugar en Sudamérica para continuar su actividad delictiva. Ese lugar fue la Ciudad de Rosario, razón por la que se la llamó, por muchos años, "la Chicago argentina".
 
Podemos interpretar por extensión, que, en cualquier lugar, a cada paso y en todos los órdenes de nuestra organización social y política, los argentinos podemos toparnos con miembros de estos entes de peligrosa reputación.  Incluso, desde el fondo mismo de la historia patria, hemos tenido la presencia y el poder de actitud netamente mafiosa,  disfrazadas de patriotas, de políticos honestos, de empresarios respetables, de funcionarios supuestamente serios de diversos órdenes, interactuando en el pasado y presente argentino, como avispas clavándonos sus aguijones sin tapujos en el transcurso de los tiempos.
 
Podemos decir, sin escrutar demasiado en lo profundo de nuestro pasado, que, quizás, la muerte de Mariano Moreno pudo haber sido el resultado de la dura pelea interna de la Primera Junta de Mayo entre morenistas y saavedristas. ¿Sería en este caso, el primer asesinato de actitud mafiosa de nuestro país? Podríamos definirla, si se lo prefiere, como la primera muestra de lo que fue una incipiente camorra en la política argentina.
 
Quizás podríamos encuadrar también a los fusilamientos de Liniers y Dorrego, en el análisis, el mismo origen y el mismo destino de corte mafioso... Llegaron al final del  camino, asesinados.
 
Debemos deducir, claramente, que nuestra Historia tiene una línea paralela mafiosa a la lucha gloriosa de nuestros verdaderos patriotas. 
 
Aquí se instauraron -y no parecen que vayan a desaparecer- las mafias y organizaciones que mucho se le parecen.
 
Las primeras son las que muchos argentinos conocemos y callamos, y las segundas son las que, sin llegar a la importancia de las primeras, también nos acorralan diariamente con "actitudes mafiosas".
 
A la imposibilidad de obtener respuestas lógicas y claras a determinados actos de gobierno contrarias a nuestros intereses de ciudadanos de un país supuestamente organizado, de por sí, podríamos definirlas como una actitud con tintes mafiosos.
 
Esas actitudes violentas parten, desde siempre, del poder político acompañada por leyes y disposiciones tendientes a aplastar a la comunidad que produce y se esmera por el país. 
 
Otra actitud camorrera  es el armado de una organización delictiva a la sombra de un gobierno, que está en conocimiento de todo,  destinada  a robar el dinero público -entre otros- y tratar de enquistarse en el Poder político todo el tiempo que les sea posible. 
 
A estas organizaciones se hace muy complicado desarticularlas porque tienen, desde el poder político, todo el andamiaje jurídico para conseguir sus mafiosos objetivos: enriquecerse mediante el poder y aplicar las argucias más insospechadas aunque a los ciudadanos les duela, los empobrezca y los sojuzgue mediante leyes o actitudes de gobierno que los terminen dominando. 
 
 
En síntesis, estas son mafias que a la Argentina le han costado "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” (2) y los ha ubicado en la marginalidad, en el dolor  y en la falta absoluta de defensa. 
 
Nuestro país tiene todas las riquezas que nos haría una nación poderosa en pocos años. Simplemente, no hay que mentirle al ciudadano, no hay que tirarle migajas para que viva y no hay que usarlo con fines electorales únicamente por los votos para después traicionarlo. 
 
Estas son actitudes indiscutiblemente de origen mafiosa.
 
Y nunca más oportuna es la actualidad argentina para recordar el origen de estas organizaciones que también nos quitan el sueño y nos aterrorizan a diario a los argentinos.  
 
Por dos razones fundamentales:
 
a) Por englobar en sus filas a centenares de ciudadanos "ilustres", funcionarios de Estado, miembros de las fuerzas de seguridad, empresarios reconocidos, ciudadanos dedicados públicamente a actividades como la docencia en todas sus escalas, activistas de la política, sindicalistas, ciudadanos dedicados al comercio, a la industria, a los servicios y otras actividades privadas, profesionales de diferentes áreas y a otros muchos de los estratos sociales más altos o comunes de la vida de los argentinos.
 
b) Por incluir en las filas de este cáncer social, a ciudadanos comunes que ven en la mafia una manera de ganar el dinero que no pueden obtener en pobres ocupaciones que no les alcanzan, generalmente, para paliar sus mínimas necesidades familiares. Este sector incluye a analfabetos, jóvenes que no estudian ni trabajan y pasan sus días tirados bajo la sombra de los árboles, o viendo a sus padres participar del oscuro "servicio" de la venta de drogas con las cuales ignotos ciudadanos, de forma inexplicable, pueden amasar enormes fortunas como para llegar a tener autos lujosos, mansiones para vivir como reyes, campos, aviones y otras propiedades que les cayeron encima gracias a las actividades ilícitas. También,  por estas actividades, podemos ver cómo ciudadanos con vida sencilla y actividades simples, pueden llega a tener propiedades de descanso en zonas costosas, viajes al exterior a regiones muy caras y otros lujos, propios de los grupos que, dicho de una manera burda para que se entienda, son imposibles de entender en la vida de muchos "piojos resucitados". 
 
Tengamos en cuenta que las mafias están enquistadas en casi todas las actividades mundanas: en la venta de medicamentos, en la provisión de servicios, en la fabricación de insumos, en la comercialización de maquinarias, en el deporte, en la captación de varones y mujeres para la perversión, en los secuestros, en los partidos políticos, en los servicios de transportes, en los gobiernos municipales, en los medios de comunicación,  en la venta de aparatos electrónicos, en las exclusividades de determinados servicios, y cientos de actividades que desconocemos popularmente y serían demasiado extensas para enumerarlas a todas.
 
Esto nos lleva a pensar que los denominados movimientos populares, por ejemplo, no son sino pequeñas pero peligrosas mafias que se reconocen por sus nombres que hablan de los pobres a los que esquilman, pidiendo  trabajo que aunque se los ofrezcan no  cumplen, que practican marchas callejeras ante supuestas protestas por las madres, los hijos, los desposeídos, los postergados, los entinados y sin embargo, en esos movimientos callejeros, suelen usar la violencia con el pretexto de hacerse oír porque el gobierno "no los escucha", aunque los alimente y les dé dinero para criar a su larga prole.
 
Entonces, rompen vidrieras, destruyen plazas, cortan avenidas, queman colectivos, paralizan las actividades de los servicios públicos, atacan a los medios de prensa, y de comunicaciones, queman escuelas, iglesias y todo otro signo de cultura. 
 
Estos movimientos, que se autodenominan populares, no son sino mafias que mantienen a sus dirigentes -generalmente todos procesados por la Justicia- y que utilizan a los desposeídos, para meterlos a ocupar ilegalmente los espacios públicos y provocar desórdenes para acusar luego a las fuerzas de Seguridad que los reprimió. 
 
Estas pequeñas mafias -generalmente gobernadas y dirigidas por los denominados "punteros políticos" o barriales- esconden tras su fachada a mafias mayores y  usan a los pobres a los que dicen representar, para mantener sus "intereses" incólumes a costa de los ingenuos que los siguen y que creen en sus mentiras nunca piadosas, por cierto.
 
En los orígenes de las mafias está el gran secreto de por qué se crearon, porqué existen y por qué no terminan aplastados por la ley y el orden.
 
El alcohol con Al Capone, la droga y las armas, fueron los comienzos de este cáncer que mata generalmente a tiros. Es por estas razones que la corrupción en el pueblo y en todos los ámbitos, se sigue manteniendo viva.  Porque el poder y el dinero, todo lo puede. 
 
Nuestra Justicia, pese a la Ley floja y complaciente que nos rige, y los jueces politizados que la aplican, nos recuerda a la Justicia  que administraban los jueces y Tribunales fascistas. Sus decisiones eran brutales, groseras y negligentes. Se dieron casos de haberse detenido y encadenado a dos e incluso tres personas acusadas como culpables de un mismo asesinato.
 
El propio Mussolini hizo, en el Parlamento italiano, una declaración de guerra contra la Mafia italiana, que apaciguaron por poco tiempo el accionar de esos grupos a pesar del terrible Césare Mori  que detenía a todos los hombres sospechosos o no de un ilícito. Tan fue así que, en algún momento, enviaba a los presos italianos encadenados a las cárceles de las islas italianas del Mediterráneo que eran verdaderamente horribles. 
 
En nuestro país, si leemos finamente los medios de prensa, veremos cuántas actitudes mafiosas se esconden en cada persecución, en cada robo, en cada asesinato. El país está en manos de una subyacente mafia que ataca a todos los sectores de la sociedad. 
 
Mientras tanto, los ciudadanos de a pie, inocentemente, se ven envueltos en los conflictos donde, por ejemplo, la mafia de la droga los arrincona, la del sindicalismo los amenaza con las marchas, los paros inoportunos, las huelgas, la toma del centro de las grandes ciudades, paralizando la vida ciudadana, los poderes económicos  que viven aumentando los artículos de primera necesidad con aumentos diarios echándole la culpa al dólar y cientos de cuestiones que sería largo enumerar.
 
Todas son actitudes mafiosas que nos legaron los primeros  camorreros de la política y los que la sociedad fue criando y creando a través del tiempo. 
 
Son tantas la mafias que se mueven en la Argentina, públicamente o escondidas por ahí, que asustaría conocerlas  al más valiente.
 
En conclusión, la Argentina tiene demasiadas mafias como para pretender que los males que vivimos desaparezcan, muy pronto y definitivamente.
 
Pero es porque así como en la Argentina existen demasiados empresarios con mentalidad inflacionaria, existen otros seres integrando demasiadas organizaciones mafiosas en un solo país, entorpeciendo la apacible vida de los argentinos.
 
Referencias
 
(1) hartera  - En el diccionario castellano hartera significa hartazgo.
 
(2)  "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” “Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». Discurso del primer Ministro inglés Sir Wiston Churchill a la Cámara de los Comunes el 13 de mayo de 1940.
 
Acerca del autor
Jorge D´Amario Cané
jorgedamario@yahoo.com.ar
Director periodístico de Radiomercosur.com
* Distinguido con el "Arco de Córdoba" 2014 / 2015 / 2016 / 2017/2018
* PREMIO A LA EXCELENCIA LATINOAMERICANA 2015 
Otorgada por la Cámara Internacional de Comercio del Mercosur