22 de Mayo, 2019
Radio Mercosur
Opinión

ARMAS, ANTES QUE TRABAJO, PAN Y PAZ PARA VENEZUELA

MERCOSUR - En su primer discurso como presidente de Venezuela y su segundo mandato, Nicolás Maduro, responsable del estado decadente de su país, dijo que va a asegurar a la "democracia" venezolana armando a la Nación.

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“El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha ocurrido”.

Winston Churchill
 
Nicolás Maduro actúa en Venezuela como si en él imperara la democracia más pura. El dictador venezolano hace lo mismo que todos los dictadores de la historia: se jactan de vivir en una democracia que se encargaron por años de destruir, de aniquilar, mientras su pueblo sufre por hambre, es perseguido a  palos y es detenido impunemente y sin razón alguna,  por las fuerzas de élite que el dictador ha creado para mantener con "rienda corta" a sus habitantes.
El gobierno de un país se valora según el estado en que se encuentra social, económica y financieramente; si las condiciones en que se encuentra la Nación, están en la plenitud de sus posibilidades de crecimiento. Pero Venezuela ha retrocedido en todos los ítems año a año, mostrando que el populismo de su filosofía política no ha dado muestras ni siquiera de  ser medianamente  exitoso.
 
Nicolás Maduro ha dado vuelta la lógica de la política. Su falsa democracia está enancada en tres aspectos fundamentales: 1) asesinar a los opositores o, cuanto menos, tenerlos presos para acallar las opiniones adversas; 2) Mostrar en sus discursos -y nada más que en ellos- que puede mantenerse en el  Poder mintiéndole a la gente;  3) Hacerse amigo de los países más peligrosos de la tierra como lo son los que lo han acompañado en la burla que significó asumir por segunda vez y de forma ilícita, la presidencia de un país absolutamente quebrado, empobrecido, con un pueblo hambreado y perseguido y apoyado por la cúpula militar que, según se ha sabido, le brinda apoyo irrestricto al "presidente Maduro". 
 
Solamente la hipocresía de un hombre que hace política decadente puede decir que  su gobierno es un éxito, cuando tiene un pueblo hambreado, muertos por falta de medicamentos, muertos por la inseguridad de la delincuencia callejera y por los grupos para militares del gobierno. Las decenas de presos políticos hacinados  en las cárceles inmundas de donde salen pocos, algunos con libertad  domiciliaria y otros muertos de forma extraña. Es, lo que se dice, un enajenado mental  absolutamente encapsulado en sus errores, en sus mentiras y en su falta de preparación política y por haber salido de ser un  chofer de micro de  Caracas a presidente de la República. Solamente en un país desquiciado se puede dar una situación de semejante iniquidad.
 
Maduro no tiene estudios, no sabe hacer la 0 con la base de un vaso, no sebe nada de política y juega al gato y al ratón con la gente que lo votó por ignorancia por aceptarle todas las estupideces que dice y hace porque creen en él diga lo que dijere.
 
Decir que para defender a la Nación hay "que armarla" y que para ello haga alianza con Rusia y otros países militarizados que buscan la posibilidad de un  descalabro internacional, es poner en peligro la paz, la vida y la existencia de su propio pueblo. Sólo un irresponsable puede actuar de esta manera. No tiene  estrategia, no sabe manejar las relaciones internacionales, enfrenta con amenazas gratuitas a todos los gobiernos que no tengan gobiernos socialistas, como si el socialismo fuera la verdad revelada. Pareciera que Maduro y los militares que lo protegen no tuvieran familias ni sangre enlas venas. 
 
A Maduro y a los gobiernos socialistas y comunistas, les cuesta entender que los países de América, con estos regímenes dictatoriales, viven en la pobreza  más vergonzosa y se cree que, todos sus fracasos tienen como únicos culpables a los de afuera, al "Imperio" que los acosa y los torea para hacerlos caer. En realidad, en  su monumental locura, Maduro es un fracasado que vive ingenuamente apoyado por los militares y atado a ideologías superadas largamente por los tiempos. Entiende a la política como  una filosofía renovadora sin interpretar que se ha quedado en los tiempos medievales, enceguecido por el enriquecimiento personal. 
 
Hoy, la realidad marca que el comercio, la producción y los bienes generales son negociados por todos con todos con abstracción del signo político que tengan y la filosofía que los sustente.
 
China, país comunista si los hay, está interesado y de hecho ya lo hace, en mantener una política abierta que le permita importar  y exportar lo que ambos necesitan. Y así es que extiende sus fronteras comerciales hacia las playas de sudamérica.
 
De esa forma y respetando ideologías diferentes,  brinda tecnología, ciencia y técnica, con el asesoramiento de técnicos y no de improvisados como  Maduro. China se abrió al mundo mediante la  asociación de empresas chinas con compañías Argentinas, por ejemplo, e incluso aportando grandes capitales para financiar importantes proyectos argentinos.
 
Esto, que es tan sencillamente expresado en palabras, no le entra en la cabeza al enajenado Maduro ni a los gobernantes socialistas como Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia, e incluso,  de manera un tanto lenta pero tangencialmente, al gobierno uruguayo que busca dinero y acuerdos comerciales por fuera del Mercosur donde pueda. 
 
La presión que la OEA y otros organismos y países del planeta, ejercen sobre estos gobiernos de pacotilla, tiende a provocar que estos desgobiernos populistas  del siglo pasado, se despierten y vean lo que está pasando en el resto del mundo y que se den cuenta que ellos siguen adormilados atados a la ideología del fracaso manteniendo a los países frenados, caprichosamente, en su crecimiento. Sería bueno que miren el almanaque y vean que estamos ya, en el Siglo XXI,  el siglo de la Cibernética, de los viajes interplanetarios, de los grandes descubrimientos científicos, de las grandes transformaciones de los países emprendedores, mientras ellos siguen anquilosados en su pequeño mundo como en un feudo;  sin despertarse ante la realidad vertiginosa de los nuevos tiempos.
 
No esperemos que Nicolás Maduro cambie su estrategia. Seguirá mintiendo -como lo ha hecho una vez más en el discurso de la asunción de su segundo  mandato- en el que siguió vociferando y prometiendo lo mismo que hace 10 años, prometiendo un país diferente mientras él sigue en la misma mecánica de  pensamiento lento, arcaico y ajeno a la realidad,  prometiendo un despegue que no existe -y ni siquiera asoma- y la oportunidad de un bienestar imposible que  cada vez se aleja más y más de todos los venezolanos. En su cerebro enfermo arrastra al pueblo a los resultados verdaderamente devastadores.
 
Nicolás Maduro debiera tener vergüenza. Pero, su corto entendimiento, no le permite ni siquiera ponerse colorado, mientras borra con su cerebro carente de materia gris todo lo  bueno que podría hacer con un pueblo trabajador y digno como el que tiene Venezuela. Claramente está muy enfermo y le está afectando gravemente la capacidad de discernir con claridad, conduciendo a su país a la debacle y a su pueblo a caer en un daño permanente y definitivo.
 
Los números de Venezuela
 
Venezuela cerró 2018 con una hiperinflación de más 1 millón y medio por ciento
 
En diciembre de 2018 los precios aumentaron en promedio 141,75%, lo que se traduce en una inflación diaria de 3%, según el reporte de la Asamblea Nacional Venezolana difundido el miércoles último.
 
El Fondo Monetario Internacional estimó que la hiperinflación de Venezuela alcanzará la tasa de 10 millones por ciento en 2019
 
En el último trimestre de 2018, la inflación mensual siempre se mantuvo por encima de 140%, pero las tasas fueron ligeramente menores al récord de 233,3%  de inflación de septiembre, la mayor en el año, según la medición del Congreso  venezolano.
 
 La economía del gobierno de Nicolás Maduro tendrá una caída de 8% en 2019, según el informe semestral del Banco Mundial.
 
Resumen
 
El futuro catastrófico de Venezuela se avecina y para cuando ello ocurra, si nada se hace para destituir al responsable de este desastre lo más pronto posible,  el quiebre de ese país será ya inevitable. El país terminará disgregado, con un territorio en el cual sólo quedará Maduro, los militares y las bandas de  delincuentes quemantiene el Estado.
 
Mientras Maduro siga adornando el futuro con luces y bengalas multicolores y decenas de promesas que jamás podrá cumplir, Venezuela terminará destruida  económica y financieramente, y con un pueblo partido en dos, uno hacia afuera, en un  éxodo interminable buscando  otros países de América para conseguir un futuro  mejor y la otra parte que no tiene como cruzar la frontera y morirá, irremediablemente, sepultado en el abandono, el hambre y las esperanzas perdidas.
 
Esta situación desesperante del país caribeño, no era, seguramente, el proyecto de Simón Bolívar, quien jamás alzó las armas de su ejército contra su propio pueblo. 
 
Aquí cabe, inevitablemente,  la pregunta del millón: "¿Quo vadis, Maduro?"
 
 
Jorge D´Amario Cané
Director periodístico de
Radiomercosur.com